Quique González, un inolvidable de nuestro rock actual

Quique González es tal vez uno de los grandes ignorados de nuestro rock actual, aunque por suerte desde hace algunos años esto ha comenzado a cambiar, y la industria musical está sabiéndole dar la fama que se merece. Aún así, nunca fue un cantante que quisiera tocar para las masas. Las masas son para los estúpidos, para los borregos y los que tienen como oído musical un burro resfriado. Por eso es extraordinario, y por eso el que lo conoce, amante de la música tranquila y melancólica, jamás lo olvida.
Su voz, que mi padre definió una vez como “acatarrada”, no sólo le impregna de un estilo personal y único, sino que hace que nos contagiemos de ese sentido musical entre desgarrado y desesperado. Esa es su insignia. Lo que es, para entendernos, el comienzo de la nostalgia. No hay más que oír algunos de sus grandes clásicos del primer disco, Personal (1988), para entender su estilo que ronda entre lo coloquial y lo sublime, lo romántico y lo cotidiano; por ejemplo en A veces se me olvida, donde canta ese estribillo inolvidable que dice “… a veces se me olvida que sólo soy espectador… a veces las canciones se convierten en ceniza… Y el corazón hundido en un bolsillo de mi pantalón. Y la ciudad palpita con horario de oficina…”.
Es un cantante desairado pero vehemente, poético pero no empalagoso. Nos resulta un poeta intranquilo, de versos desolados y llenos de fuerza, y también con algunos temas más cañeros. Podemos comprobarlo por ejemplo en la divertida Superman, descubierto en su magnífico disco Pájaros Mojados, quizá uno (si es que se pudiera elegir) de sus más logrados éxitos. O en la otra canción, igualmente sorprendente y fresca, Hotel Los Ángeles, que podremos encontrar en el disco La noche americana, donde se recogen otras memorables conquistas, tales como Vidas cruzadas, que ya cantaría con Iván Ferreiro en otras participaciones…
No podemos esperar menos de un cantante que tiene como referentes a los inmejorables Wilco, Bob Dylan, Neil Young, Van Morrison, Bryan Adams… en la esfera extranjera. En nuestro país es seguidor de Los secretos, de Joaquín Sabina (se le suele asociar con la “comunidad” de cantautores), o Antonio Vega; también es lector aficionado al sucio de Bukowski, al innovador Benedetti o el recientemente muerto Ángel González. Con tales propósitos uno no puede más que abrir la boca y dejar correr un largo suspiro de satisfacción. Quique ha cantado con una de las voces más grandes del panorama nacional: su tocayo Bunbury, en esa adictiva canción que es Pequeño rock and roll.
Canciones como Rompeolas, Aunque tú no lo sepas (inspirada en un poema de Luis García Montero), Ayer quemé mi casa, La ciudad del viento, o las más actuales de su último disco, Avería y redención #7 (2007), La vida te lleva por caminos raros, Doble fila, nos aseguran que estamos ante uno de los cantantes más personales de nuestra industria roquera actual. Y podríamos seguir haciendo una larga e interminable lista, pues en todas y cada una de las canciones de este autor podemos encontrar maravillas inexplicables. Y es que eso es lo fascinante: descubrirlo de su propia voz, de sus poemas cantados.
No podíamos despedirnos más que cantando unos versos de Crece la hierba, idóneos para este tiempo de bofetadas calientes, de alergias y nostalgias:
Crece la hierba en el primer cajón de la estación de primavera…
Hoy nos esperan besos a traición y el ruido de ventanas abiertas…
Arde una estrella entre nosotros dos… que no me deja estar tan cerca…
Por último, me niego a olvidar o dejar pasar este repertorio de magia y sensualidad nocturnas (Rompeolas):
Quiero ver salir el sol desde todos los portales de la luna,
llévame al puerto y al malecón, cuando el cielo se nos llene de gaviotas…
Alumbrando las calles oscuras… todas las estrellas que hoy durmieron solas.
Desde el rompeolas me acuerdo de ti…
Con Quique González uno siente que le han propinado una brutal paliza. Una paliza que nos sabe a gloria y a tiempo perdido. A un tiempo que ya nunca vuelve, pero que sin embargo siempre está ahí. Escondido y esperándonos.




Me has hablado más de una vez de este cantante, por lo que te he escuchado merece la pena. Puede ser bueno escucharlo para relajarse, mientras uno está tranquilo etc.
Parece que rezuma calidad ya que parece no estar infectado por el comercialismo. Está claro que me lo apunto.
Saludos.
demasiado cantautor para ser rock, y demasiado rock para ser cantautor, por suerte se desmarca de los papanatas de sabina y cia, gente de rima facil y demas calaña, y se apoya en un estilo más expresivo y grafico y de mayor honestidad.
su ultimo disco, solo peca a la larga, de excesiva ambición y de querer ser más de lo que propiamente es, aún asi siempre se le puede perdonar, aunque solo sea por cosas como “la cajita de musica”
Bueno…creo que sabrás que no lo he escuchado nunca. Le voy a dar dos segundos de oportunidad xDDD. Muy buen artículo.
Yo lo acabo de escuchar, sinceramente, me parece un gran autor, como bien has comentado.
Es una pena que gente de éste talento, no reciba el reconocimiento que se merece.
Nos leemos, un saludo.
¡Me encanta! Podría decir que es uno de mis cantantes favoritos. Esta misma mañana, mientras estudiaba en la biblioteca con el mp3 en aleatorio, me sorprendió con los versos de salitre… he tenido que cerrar los ojos y dejarme llevar por esa magnífica canción!!!
Tuve la oportunidad de asistir a un concierto de Quique Gonzalez hace poco, y he de decir que si ya me tenía encandilada antes, tras verlo con guitarra en mano o sentado tras el piano… ha terminado de cautivarme.
Sabe crear ambiente con su música, sabe transmitir…y eso sólo lo consiguen los buenos, sin duda.
Un saludo
Hibris
Me suscribo.