La Niebla nívola o la traición de las ficciones

La traición de las imágenes

La nívola de Unamuno se vale precisamente de todos esos recursos que en literatura funcionan como ficción para el que lee. Te presenta a unos personajes en un escenario a los que dota de vida propia y a los que deja hablar, sentir, compadecerse, y creer. Ellos creen al tiempo que nosotros lo hacemos, mientras vamos viendo sus entresijos amorosos, sus dolores, sus más terribles sospechas. Uno acaba sin darse cuenta dentro de la ficción, atrapado, en ese nudo que está por ser desenlace, cuando descubre que la realidad se ha visto manipulada, y no sólo eso, sino que se ha visto inmersa en la ficción. Unamuno, el autor, habla con uno de sus personajes; el protagonista se dirige hacia Salamanca entre sus letras y discuten. Al final, el primero decide acabar con su víctima porque es su Dios, porque Augusto es su niebla y no le va a permitir que se suicide, importe o no el absurdo de este desenlace. La fuerza de la obra irradia en su sentido del humor, que a lo largo del relato no es más que un breve chapoteo que nos salpica con disimulo, cuando vemos la socarronería de Don Miguel en el lenguaje de sus personajes, en sus bromas, en los discursos de Orfeo. Con la llegada de las últimas páginas el humor se hace lengua y se hace verbo, se transmuta en ficción y se convierte, por fin, en algo sensorial. Aquí la verosimilitud llega a un punto en el que uno piensa que realmente pueda ser Unamuno ese «ente de ficción», y no Augusto, el personaje que piensa que debe suicidarse, el mismo que come hasta hartarse, como la fatalidad shakesperiana de la tragedia clásica, relegado a su siniestro sino del que no puede escapar, juguete y presa del destino. La nívola nos presenta un debate eterno: qué es lo real. Se sabe y se piensa que la ficción es como un sueño, porque sólo es de uno, pero… como nos plantea el autor, ¿y cuando se comparte? Cuando esa novela y esos personajes llegan a multitud de personas, cuando una vez ya muerto el autor, quizá sin siquiera recordar su nombre, los personajes eternos de sus ficciones cobran todavía más protagonismo que su creador, ¿qué ocurre entonces? ¿No somos nosotros ficción?

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Bibliografía: Unamuno, Miguel: Niebla, Madrid, Cátedra, 2008.

 

Escrito en: Literatura

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2 comentarios en “La Niebla nívola o la traición de las ficciones”

  1. ¡Qué de tiempo compañero!

    La verdad es que hace mucho de mi lectura de Niebla, pero recuerdo que hacía una excelente mezcla entre ficción y realidad. Una muy buena “nívola”, sin duda.

    Esperemos que en nuestro regreso todo nos vaya de perlas y no tengamos más ausencias perdidos en la niebla…

    ¡Saludos!

  2. Espero que la novela no corresponda a la época en que su autor parecía un cura (¡madre mía, qué indigestión de beatería me entró leyendo —hasta donde aguanté— su ‘Diario’!).

    Quizá la lea, no obstante (hay que ser abiertos de miras), después de ‘El lobo estepario’, de Hermann Hesse, en cualquier caso; ayer la empecé, y me parece que me va a encantar.

    Pronunciamiento efectuado. Saludos.

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