Nave espacial en el cielo de Cádiz
Son las ocho de la mañana y me muero de frío mientras escribo esto, pero tenía que hacerlo. Estábamos en la avenida principal, o sea, la avenida de Andalucía, de Cádiz, donde el tráfico se agolpa y los niños corren con sus madres por las aceras; acabábamos de salir de no sé qué sitio, tal vez había estado comiendo pizza y otras divinidades en algún extraño y olvidado lugar ya de mi memoria (es lógico, si me atengo a lo que ahora voy a contar); el caso es que lo único que recuerdo es haber escapado de todo lo anterior, sueño inútil y vago, y encontrarme de repente allí plantado, en plena avenida, con un montón de gente, y que todos levantamos la cabeza hacia arriba y empezamos a maravillarnos por una especie de culo metálico que cubre toda la anchura de la avenida (y más) del cielo, luego voy girando mi cabeza hacia el fondo, casi mirando a Cortadura, y descubro que es una gigantesca y maravillosa nave espacial y que es como infinita (no me pregunto en ese momento ni de dónde viene, o de dónde es, o qué hace allí), tal vez llegue hasta San Fernando, o Sevilla, o Vigo, joder, es enorme; empiezo a alucinarme moviendo mis ojitos de un lado para otro y la voy observando, con su coraza enorme entre marrón y tonos grises y plateados, aunque a tanta distancia (del sueño y del suelo al cielo) ya no podría definirla con mucha más precisión, a pesar de que todavía queden vestigios en mi retina memorística; al parecer es una fiesta, no sé por qué pero de repente todo el mundo sabe o sabía esto, hay gente que vuela a una velocidad vertiginosa en globo y va dando vueltas por todo el cielo, de arriba a abajo, de derecha a izquierda y viceversa, de todos los colores y tamaños, son personas individuales que vuelan bajo paraguas algo enormes que se confunden con el bullicio y el espectáculo increíble de la nave. Son como mosquitos zumbando la realidad, o tal vez sería mejor decir el sueño. Uno de ellos casi choca con mis manos y descubro que no hace daño, que sólo son meros fantasmas de este momento titánico, único en mis delirios. Algunos caen al suelo y aterrizan, son personas fascinadas que sonríen y parece que retomen de igual grado la fiesta. También antes de salir a ver esto rememoro que alguien dice lo siguiente, con total seguridad, vaya, con una certeza que parece ser que es cierto y no hay posibilidad de duda, y todos le creen: «En x años la tierra estará justamente en la misma posición del sol y éste en el de la tierra», y dice esto sin pensar, ni yo ni nadie en el sueño, que obviamente habremos desaparecido; o sea, que hay esperanza, que viviremos en –y no cerca– de la más gigante estrella. Una mezcla de sueño entre Up y District 9. Por lo demás sólo recuerdo hallarme allí pasmado ante el inolvidable show al que me sumerge la nave, no sé durante cuántos malditos segundos, pero sí recuerdo la sensación de sublimidad a la que me expuse, el sentimiento de niño al mirar hacia arriba y comprender por qué allí buscamos a nuestros dioses.
***




Maravilloso sueño compañero y mejor aún las sensaciones que deberá haberte producido para que corriendo te levantes a escribir lo que sentiste. Una pena que, aunque las palabras queden, la experiencia quede cada vez más lejana…
Esta noche he soñado con un templo hindú y una excursión de turistas zafios y gritones. Recuerdo varias salas: una con objetos rituales mezclados con figuritas de Bart Simpson, un aula educativa con sillas de plástico y televisor de bar de pueblo y un auditorio en el que sonaban violines desafinados. También había una tienda de souvenirs y allí una mujer compró una daga maldita con el poder de matar al que pretendiera asesinar con ella. A la mujer la violé (en una escalera, por detrás) y al cabo de un rato me buscó y quiso matarme con la daga. Por supuesto, al clavármela en el abdomen fue ella quien murió.
Si la vida es un sueño y, dentro de ésta, un sueño, dentro de otro y de otro pueden darse, quién dice que la vida no es un sueño dentro de otro, y que lo que soñamos en los nuestros, no es sino la realidad recordada por el soñador del sueño primigenio.