Ruby Sparks o el amor

Hay películas que vienen a hablarnos del corazón o, mejor dicho, desde el corazón. Son, por eso, películas honestas. No importa la edad que tengas, tu ideología política, lo mucho que sepas sobre ciencia o cómo te huela el pelo después de la ducha, porque lo cierto es que hay cosas que a todos nos golpean del mismo modo. Unas palabras pronunciadas un día cualquiera te pueden tumbar en la cama durante dos días, quitarte el apetito o hacerte sentir la persona más desgraciada del mundo. Siempre hay alguien a la vuelta de la esquina, pero tú no lo sabes, porque solo era él o ella. Las promesas de repente se ven como un vaso de cristal roto por la inercia de una mesa que ya no estaba tan estable como antes. Así, tal cual es la vida, Ruby Sparks es un grito de amor pero sin medias verdades, es un susurro en el oído a medianoche o un escalofrío que te recorre la espalda, es como una bofetada a destiempo o como algo que solo ahora comienzas a comprender.

La premisa es sencilla y de cuento de hadas; así logra crear una metáfora que sirve para explicar otra serie de cosas más importantes. Calvin es un niño prodigio que, un tanto asocial y sin mucho éxito con las chicas, se hace famoso muy pronto al publicar una novela, aunque luego le viene el bloqueo literario y su arte se estanca. Un día cualquiera tiene un sueño con una chica pelirroja, bella e imposible, un ser que estará más allá de la ficción y la realidad o, mejor, que servirá como puente entre estas. Cada noche sigue soñando con ella y accidentalmente acaba enamorándose. La inspiración vuelve a sus manos y gracias a esto comienza a escribir de nuevo. El problema es que, otro día cualquiera, se despierta y ella está en su cocina haciéndole el desayuno: es su pareja y parece haber estado ahí durante mucho tiempo. Tras la esquizofrenia inicial, finalmente el chico descubre que no es una alucinación y que a la chica la pueden ver todos los que le rodean. Este «milagro» de su imaginación, esta creación hecha carne gracias a la fuerza de sus sueños, comenzará muy pronto a ser un problema, cuando su «dueño» descubre que, a golpe de tecla en la máquina de escribir donde desarrolla su novela, es posible cambiar todo lo que desee de ella.

La película, antes de adentrarse en el complejo tejemaneje de las relaciones amorosas, presenta una reflexión metaficcional sobre la creación y el poder o la magia de las letras, que por ser tan honestas pueden llegar a convertirse en algo muy cercano a la verdad; sin embargo, es en su fondo donde encontramos la reflexión más profunda, aquella que habla sobre el dolor de la búsqueda y el error de convertirnos en serios titiriteros, utilizando a los otros como simples marionetas para parchear nuestros traumas y complejos, no queriéndolos verdaderamente sino solo convertidos en algo que ellos no eran, en síndromes de nuestro miedo.

Esta fragilidad líquida, este terror tanto al compromiso como al estar solos del que bien ha hablado Zygmunt Bauman, esa constante incertidumbre que, de algún insólito modo, nos mantiene esclavizados o dependiente siempre de alguien, de sus palabras, de su olor o de su maravillosa presencia, sigue siendo uno de los principales problemas para la mayoría de los que deciden embarcar en las peripecias del deseo y el amor. Lo terrible es cuando, a causa de esto, uno se empeña en cambiar a la otra persona a base de chantajes o amenazas, o, simplemente, se dedica a trazar toda clase de maldades para no perder a esa persona, para continuar anclado en su inseguridad, en su ego.

Esta película habla sin ningún tipo de miedo sobre las relaciones amorosas y la manipulación a la que estas se someten desde el momento en el que firman «el contrato», temporal o indefinido, que les aguarda en el dificultoso viaje de los sentimientos. Al final, Ruby Sparks labra una bonita reflexión sobre la verdadera libertad de amar, sobre el querer a alguien sin falsificaciones, sin maquillaje, sin condiciones y sin disfraces. Sigue hablando, al fin y al cabo, sobre ese primer miedo, sobre el horror vacui del estar solos, sobre la importancia que, sin darnos cuenta, tiene para todos nosotros la desnudez de nuestro amor, porque unirnos y abstraernos del espacio o de la vida nunca es suficiente.

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2 comentarios »


2 comentarios en “Ruby Sparks o el amor”

  1. ¿Porqué siempre que escribes de una película, la haya visto ya o no, me parece que soy yo la que la comenta?
    Quizás porque, como tu dices, seamos como seamos hay cosas que a todos nos emocionan y nos duelen casi de igual manera.
    A mi me ha recordado a veces a 500 días juntos, no sé si por el tema, por la sinceridad con que se expresan sentimientos o porque ambas narran situaciones que se asemejan a algo que he vivido.

  2. ¡Y para mí una alegría enorme tenerte como lectora! Mira, porque encima tengo el blog algo abandonado y ya no pasa mucha gente, al menos gente que yo conozca “directamente”, y esto lo hablaba el otro día con un amigo. Así que es un orgullo doble, por ejemplo, leeros y ver que sigue gente tras las bambalinas que valora tus letras o que incluso las siente del mismo modo: es bonito. Gracias.

    La peli… sin palabras. Claro, recuerda a argumentos como los de ’500 Days of Summer’ o ‘Before Sunrise’, hay algo detrás que habla sobre lo mismo… las relaciones y sus complicaciones. Todo, con referente siempre al clásico de Woody Allen: ‘Annie Hall’, que tiene uno de los mejores finales que recuerdo y que también habla sobre ciertas verdades en esto de las relaciones.

    P. S.: ¿Me reenvías un correo a uno de nuestros últimos? Creo que se me pasó contestarte hace ya algunos meses y lo perdí…

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