Controladores aéreos y la opinión pública

Capitalismo criminal

Después de la que se ha armado en este país no voy a ser yo quien venga a decir las cosas que ya han dicho muchos otros. Desde aquí mi más sincero apoyo a esas víctimas del sistema y, en general, de la opinión pública española, cateta, desinformada y contagiosa, que no solo son esos ciudadanos que se han quedado sin su viaje para el puente, tirados en los aeropuertos, sino los que el gobierno ha decidido tomar como cabezas de turco para limpiar su digna imagen sin mancharse un solo botón de la camisa: los controladores aéreos. Si la gente se informase un poquito más y supiera las condiciones de explotación, criminales e incluso ilegales que el supuesto «capitalismo democrático» les ha impuesto a través del Ministerio de Fomento y este gobierno santo nuestro, no ladraría la cantidad de barbaridades que uno puede oír ahora por la calle, en la televisión o en los periódicos.

Perder las vacaciones es una putada, pero el problema no está en la base de esta injusticia, sino en un problema mucho más grave, de fondo, que ahora ha terminado por estallar de este modo, como tendría que haber sucedido hace tiempo. La bola de nieve no ha ido más que haciéndose grande, hasta que se resquebrajó contra un árbol. Hace mucho frío y a nadie le gusta congelarse hasta la extenuación. Si uno indaga en el origen de toda esta catástrofe del sistema se dará cuenta de que los verdaderos culpables no son esos a los que fácilmente se les ha señalado con el dedo. Se dará cuenta, además, de que son ellos las verdaderas víctimas. Los demás, todos esos que conforman ahora la opinión pública –que también tienen su derecho a quejarse, por supuesto–, solo son daños colaterales de un gobierno y un sistema manipulador y extorsionista. Tanto, claro, como para llegar a estar en Estado de Alarma por primera vez en la historia de la «democracia» española.

Para acabar, me gustaría dejarles con una reflexión, otra vez, de mi adorado Oscar Wilde, sobre ese invento victoriano que, en realidad, podemos asociar a cualquier sociedad idiotizada.

Inglaterra ha hecho algo: ha inventado y establecido la opinión pública, que es un intento de organizar la ignorancia de la sociedad y de elevarla a la categoría de fuerza física. Pero la sabiduría siempre ha estado escondida. El espíritu inglés, considerado como instrumento del pensamiento, es tosco y deficiente. Lo único que puede purificarlo es el desarrollo del instinto crítico.

(Oscar Wilde: La importancia de discutirlo todo, Madrid, Rey Lear, 2010, p. 84.)

Para ahondar más en las cuestiones del asunto, las que pueden conducir a una reflexión tan obvia como esta, sigan los siguientes enlaces. Que pasen un magnífico puente.

«A ver si nos entendemos», de Cristina Antón, controladora aérea.

«No controles», de Pianista en un Burdel, guionista.

«¿Quién controla al controlador?», de Pilar Hidalgo, una ciudadana.

«Controladores; luces y sombras», de Ender Wiggins, otro ciudadano.

«Viva la revolución controlada», de Michel, otro ciudadano.

«¿Quién echó el pulso a quién?», de Teresa Royo, otra ciudadana.

«Españolada», de Abrelatas, otro ciudadano.

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Vida y arte, Sinde y Dragó: nada nuevo bajo el sol de ayer y de hoy

La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, ha respondido a Sánchez Dragó que “la literatura no es coartada” en referencia a la polémica levantada por el escritor tras afirmar en el libro Dios los cría…, que mantuvo relaciones sexuales con dos “zorritas” japonesas de 13 años , aunque luego matizó que se trataba sólo de “ficción”.
Para González- Sinde “las obligaciones y valores de un escritor no son distintas de las de cualquier otro miembro de la sociedad. El oficio de literato no es un eximente para quienes, con sus palabras, por muy hábilmente que estén ordenadas, ofenden, desprecian, se saltan las reglas de convivencia y pisotean, peligrosamente, valores como la igualdad o la no discriminación”.

El país, Madrid, <30 de octubre del 2010>.

[...] comprender que la esfera del arte y la esfera de la ética son completamente distintas e independientes. Cuando se confunden regresa el caos. Hoy se confunden con demasiada frecuencia en Inglaterra, y aunque nuestros modernos puritanos no pueden destruir un objeto bello, con su prurito desmedido casi llegan a mancillar la belleza temporalmente. Esas personas, lamento decirlo, se expresan a través del periodismo. Lo lamento porque es mucho lo que puede decirse en favor del periodismo moderno. Al ofrecernos las opiniones de los que carecen de educación, nos acerca a la ignorancia de la sociedad. Al detallar la crónica de los sucesos de la vida contemporánea, nos muestra la ínfima importancia que en realidad tienen estos sucesos. Al empeñarse en discutir lo innecesario, nos hace comprender lo que es imprescindible para la cultura y lo que no lo es [...]. La ciencia está fuera del alcance de la moral, puesto que su mirada está puesta en cosas bellas e inmortales y en continua transformación. A la moral corresponden las esferas inferiores y menos intelectuales. De todos modos, pasemos por alto a esos puritanos que se desgañitan; tienen su lado cómico. ¿Quién puede contener la risa cuando un periodista de medio pelo propone seriamente limitar los temas y contenidos a disposición del artista? Más valdría poner algún límite, y confío en que no tarde en hacerse, sobre algunos de nuestros periódicos y nuestros periodistas. Porque nos presentan los hechos descarnados, sórdidos y repugnantes de la vida. Refieren, con degradante avidez, los pecados de segundo rango, y con la conciencia del iletrado nos ofrecen exactos y prosaicos detalles de los actos de personas que carecen del más mínimo interés. Pero el artista, que acepta los hechos de la vida y sin embargo los transforma en figuras de belleza, en vehículos de compasión o de terror, que muestra su elemento cromático y su prodigio, y también su verdadera trascendencia ética, y a partir de ellos construye un mundo más real que la propia realidad, de un sentido elevado y más noble, ¿quién puede ponerle límites? No los apóstoles de ese nuevo periodismo que no es sino la antigua vulgaridad acentuada. Ni los apóstoles de ese nuevo puritanismo que no es sino el lamento de los hipócritas, tan mal escrito como hablado. El mero hecho de sugerirlo es ridículo.

WILDE, Oscar: La importancia de discutirlo todo (1890), Madrid, Rey Lear, 2010, pp. 63-65.

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La imaginación

Durante la mayor parte del tiempo no tenemos idea de lo que puede ser la imaginación, no concebimos siquiera la amplitud de sus registros. Porque, aparte de la imaginación intelectual, existe la imaginación sentimental, la imaginación sexual, la imaginación corporal, la imaginación económica, la imaginación mística, la imaginación científica… La imaginación actúa en todos los terrenos, incluidos los que consideramos «racionales». En todas partes tiene su lugar. Importa, pues, desarrollarla para abordar la realidad, no a partir de una perspectiva única, sino desde múltiples ángulos. Normalmente, visualizamos todo según el estrecho paradigma de nuestras creencias y condicionamientos. De la realidad, misteriosa, tan vasta e imprevisible no percibimos más que lo que se filtra a través de nuestro minúsculo punto de vista. La imaginación activa es la clave de una visión amplia, permite enfocar la vida desde puntos de vista que no son los nuestros, pensar y sentir a partir de diferentes ángulos. Ésa es la verdadera libertad: ser capaz de salir de uno mismo, atravesar los límites de nuestro pequeño mundo individual para abrirse al universo.

JODOROWSKY, Alejandro: Psicomagia, Siruela, Barcelona, 2009, pp. 198-199.

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Tú, aquí, ahora

El arte cura porque tenemos que curarnos de no ser nosotros mismos y no estar en el presente. Hay una frase hasídica que dice: «Si no eres tú, ¿quién? Si no es aquí, ¿dónde? Si no es ahora, ¿cuándo?». Si eres capaz de solucionar el cuándo, el aquí y el quién (el tú), estás siendo tú mismo, y ya has logrado curarte.

JODOROWSKY, Alejandro: Psicomagia, Siruela, Barcelona, 2009, p. 211.

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Belén Esteban: la grandeza de un pueblo

Belén Esteban

Sánchez Dragó decía hace poco en un programa de televisión que estamos llegando a un momento de esperpento, de verdadero esperpento valleinclanesco, debido a la desesperación de esos ciudadanos que «se agarrarían a un clavo ardiendo». En unas votaciones y encuestas populares sin sentido se llegó a poner a la «princesa» Belén Esteban como tercera hipotética potencia política del país en caso de que saliera al baluarte del gobierno, por detrás del PP y el PSOE. Si esto no es una deformación de la realidad, como hacía Valle Inclán con su teatro, apaguemos y vayámonos de este mundo que ha perdido la cordura. La gente habla con pasión de ella porque la llaman «auténtica». El problema es que la gente se conforma con una mera etiqueta, lavados los cerebros por esa maquina tan peligrosa que puede ser la televisión para aquellos que no se cultivan de otro modo. Hablaba hace poco con una amiga sobre lo que simboliza esta señorita para España, esa que algunos ahora llamaron (incluso haciendo un documental en su nombre) «princesa del pueblo español». A mi modo de ver no hay relación más clara entre esto y el deterioro cultural al que nos vemos sometidos desde hace ya largo tiempo, no solo en el ámbito intelectual sino en el político, social y educativo. Para gobernar no hay que ser «buena persona», hay que saber gobernar, y podemos dudar que una persona que no sabe qué es la Edad Media podrá llevar a cabo gestiones sociopolíticas, económicas, etc. Evidentemente todos esperamos autenticidad en aquellos que nos gobiernen, pero esta es una cuestión humana y no política, no podemos basarnos únicamente en esta para delegar una responsabilidad tan grande.

No ataco a la ignorancia, la cual respeto porque yo mismo soy un ignorante en muchas cosas y creo que esta es una de las cosas mejores que le puede pasar al ser humano: ignorar, es decir, tener cosas que aprender. Lo que critico es esa actitud de orgullo ante el hecho, ya que la ignorancia, como dijeron, es muy atrevida. Lo que critico y lo que me toca realmente los cojones es que se tome por bandera a una señorita con evidentes problemas de drogadicción, financiada por una cadena de mamarrachos para hacerse sus operaciones de estética o vivir como una, sí, princesa, maquillada en esa falaz imagen de doble moral tan típicamente española en la que una persona «pobre, humilde y auténtica» es elevada al trono de los cielos cuando en realidad no es más que una ricachona que se ha ganado los euros a base de su ignorancia y patetismo constante, no haciendo gala de humildad sino precisamente de lo contrario, de soberbia, porque la ignorancia llevada al extremo se acaba convirtiendo siempre en la razón de los soberbios. No critico que por diversas circunstancias una persona no sepa, no haya aprendido sobre ciertos temas o ignore otras tantas cosas, lo que critico es esa actitud altanera ante esto; lo que critico, sobre todo, es esa sociedad que parece querer obligar a todos los españoles a sentirse parte de un circo en el que muchos, estoy seguro, nunca entramos, porque no nos identificamos con esa falsa «autenticidad».

España, ese lugar en el que la gente se ríe del que aprende idiomas porque «pone una voz extraña»; sitio en el que la cultura es abucheada a diferencia de entenderse como una coyuntura básica para el entendimiento del mundo y el progreso; sociedad en donde la educación no se quiere basar en el aprendizaje sino en la falsa estadística de aprobados con la que obtener títulos para trabajar y seguir siendo esclavos de esa «dictadura invisible» en la que el pueblo no debe saber nada, porque así son más fácilmente manipulables; en donde la Universidad pasa de ser un centro de libertad a una escuela más de primaria o algo cercano al jardín de la infancia, en el que se elimina la libertad de cátedra y, por tanto, de pensamiento en el profesorado; en donde no tenemos ninguna universidad de referencia europea; en donde se alaba lo denigrante y se intenta destruir lo que nos diferencia muchas veces de ser unos animales, esto es: la cultura y la capacidad para pensar. España, rincón de envidias y cainitas, rincón en el que destruir al prójimo forma parte de la naturaleza de muchos de esos que pretenden llevar al gobierno «la autenticidad», rincón en el que el culto es un pedante y el perro es el señor, a diferencia de muchos otros países en los que de verdad la cultura, las lenguas y el aprendizaje se consideran herramientas cotidianas para la existencia de la sociedad y sus individuos, donde se adoran símbolos de verdad y no esperpentos sociales, donde no se idolatran freaks que, llevados al extremo, denigran y envenenan ese suelo que me gustaría pisar sin sentirme tan poco identificado algunas veces. Sí, la grandeza de nuestro pueblo.

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